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Reflexiones y otras cosas
31 Dic 2016

Hablamos con… Erika Irusta

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La primera vez que nosotras oímos hablar de Erika Irusta, fue hace tres veranos, a través de un artículo titulado Menstruar mola, que se hizo viral en redes sociales. ¿Podía molar menstruar? Y nos enganchamos a la polémica. Poco después nos suscribimos a los boletines semanales de El camino rubí (la web de Erika y germen de su trabajo en las redes), que no tardaron en convertirse en una especie de caricia que, cada viernes, daba comienzo al fin de semana. El año pasado, después de unos meses indagando en el tema, dimos el paso y nos aventuramos en las profundidades de Soy1Soy4, la comunidad de seres menstruantes diseñada y cuidada por Erika Irusta. Un auténtico cuartel general para el intercambio y la generación de conocimiento en torno a nosotras y nuestros ciclos. Allí dentro todo es cuidadoso, esponjoso; desde los vídeos pedagógicos de Erika hasta los materiales de trabajo o el intercambio de experiencias en grupos y foros. La menstruación -y lo que la rodea- puede ser placentera, gozosa y procurarnos la oportunidad de escucha y conocimiento de nosotras mismas. Podemos ser más sabias gracias a nuestros cuerpos serranos. Sí, menstruar mola.

Erika Irusta (Bilbao, 1983) es pedagoga menstrual, coordina la primera comunidad del mundo para seres menstruantes, y además escribe. En noviembre presentó Diario de un cuerpo (Catedral), un diario glosa el trabajo de su autora durante los últimos seis años, al tiempo que refleja su proceso vital a lo largo de tres ciclos menstruales seguidos. Bueno, eso y mucho más. Porque Diario de un cuerpo cuenta en realidad la historia de un viaje: el de su autora-protagonista tomando conciencia de quién es y dónde está.

‘La menstruación, el último tabú’; reza la portada. En El camino rubí leemos: “Acabé agotada de odiar tanto a mi cuerpo y a mi ciclo (…) Como pedagoga propongo invertir la pirámide del conocimiento, ésa en la que unos pocos expertos enseñan cómo es ‘el cuerpo’ a las mujeres por la de que cada mujer conozca unas bases desde donde pueda reconocerse y desde ahí, nombrase y explicarse para poder, no sólo habitarse sin complejos ni vergüenzas, sino también darse voz, hacerse palabra y crear un cuerpo de conocimiento que sirva para crear una cultura menstrual”.

Diario de un cuerpo es la plasmación literaria, y al mismo tiempo extraordinariamente personal (¿cómo podríamos separar estas dos cosas?), de todo este universo. Un relato honesto, profundo, y por momentos desgarrado, directamente desde La Herida. Leerlo es duro a veces; pero también nos enseña a conectar con nuestros propios arañazos; a escuchar lo que nos susurran, y aprender su lenguaje, que es el de nuestros cuerpos. Respiraremos mejor, después. Porque nos reconoceremos vulnerables; es decir, nos veremos a nosotras.

Hemos hablado con Erika: sobre el libro, sobre la práctica de la vulnerabilidad y el cambio que opera, y también sobre coñoescritura. ¿Coñoescritura? Si queréis saber lo que es, leed a Erika…

O escuchad la entrevista, con su propia voz:

¿Cómo surge Diario de un cuerpo?

Diario de un cuerpo surge de una petición que me hizo Iolanda Batallé, que es ahora mi editora; ella es una auténtica seductora, y me propuso hacer un libro donde contase todo lo que había aprendido en mis seis años de trabajo como pedagoga menstrual, sobre la menstruación y todo lo que había hecho, porque le flipaba todo el trabajo que había llevado a cabo. En principio yo tenía mis reticencias, porque ya me había eutoeditado anteriormente, y tenía una idea sobre las editoriales que ha sido maravilloso poder cambiar. Ha sido un equipazo, de coña… Surge de una petición, primero. Se me pide esto, y ante todo siempre le dije a Iolanda que lo importante era que fuese mi voz, que si no se mantenía mi voz, esta manera propia que tengo de hablar, de acuñar nuevos términos y todas estas cosas de poner el coño por delante y ser muy clarita en muchas cosas, pues que entonces no. Y ella dijo que por supuesto que sí, que de hecho me querían por mi voz y porque soy como soy. Así que nada, pues de puta madre, me puse a escribir y empecé a estructurarlo y tal, y al cabo de muy poquito me informan, como cuento en el libro, de que mi madre tiene cáncer. Entonces, como también digo en el libro, hay 40 páginas que ninguna lectora va a leer , porque decido… Bueno, decido no, me quedo hecha una puta mierda, viajo hasta la que fue la casa de mi familia, y me pongo a escribir estas 40 páginas con mucho cerebro, y me doy cuenta de que no; por una parte porque me doy cuenta de que estaba huyendo de la pena que me producía la posibilidad de la pérdida de mi madre, porque era una operación muy grave, y luego lo que vino más adelante fue que la enfermedad de mi madre evidenció que yo no tenía familia, que el origen de donde yo venía… que había hecho una fantasía preciosa sobre mi mamá y mi papá para poder sobrevivir a una serie de experiencias duras y complicadas de maltrato en sí… ¿Por qué poner tanto eufemismo? En enero escribo a mi editora de mesa, Alena Pons, a mi equipo, a Iolanda, y les digo que no puedo, les explico lo que ha pasado y que el libro no puede ser mental, que no es justo ni para mí ni para las lectoras. Digo: ¿qué hago? Y ellas me dicen: Es increíble que hayas escrito incluso así de tranquila con esto, así que… Un 8 de febrero que estaba premenstrual como no podía ser de otra manera, en que me saco del culo la escoba gramatical y me dejo ser, no pude escribir las diez páginas con las que tenía que arrancar, que es la bienvenida del libro, y me doy cuenta de que el libro tenía que estar escrito desde la horizontalidad, desde La Herida, desde el cuerpo. Que si era un libro sobre el ciclo menstrual, tenía que ser real, tenía que ser mi cuerpo, tenía que poner el cuerpo por delante como llevo haciendo desde 2010; así que nada de cerebro, nada de esta cosa de… Uh… es una editorial grande… Uh… voy a escribir para que lectoras que no me conozcan y que cuando vayan a El Corte Inglés lo lean y no se asusten… Esta cosa de sentirte inadecuada porque te queda muy grande. Tengo mucho respeto a la literatura, para mí quizá sea lo único que haya que es sagrado, el proceso creativo de escribir, y dije: Voy a escribir lo que Cuerpo necesite. Entonces creé la estructura de un diario basado en la base del proyecto didáctico, del material didáctico, que es: Vamos a ver cómo es tu cuerpo, lleva un registro, pon un diario, fíjate en x puntos… Yo me fijé en diferentes puntos, tanto físicos, como anímicos, como mentales, y fui observando y respondí a una serie de preguntas. La principal era: ¿Cuerpo, cómo te sientes hoy? Diario de un cuerpo está escrito por mi cuerpo, yo soy el apellido, quien ha escrito es Cuerpo. La respuesta a cómo se creó es que Diario de un cuerpo surge a través de una necesidad, necesidad y deseo, el deseo de mi editora, y por otra parte la necesidad de mi cuerpo de entender qué carajo estaba pasando y la necesidad también de contar en carne viva, en carne propia, en sangre propia, cómo funciona el ciclo menstrual, para que ninguna tenga esta tentación de decir: Yo no me lo creo. No quería eso, quería que tejer teoría, tejer conocimiento, generar conocimiento a través de la experiencia real de mi cuerpo, sirviese para un efecto espejo: Haz tú lo mismo, prueba a hacerlo tú… ¿No me crees? Tienes el derecho y es genial que lo hagas, que dudes, hay que dudar, así que métete en tus propias bragas e investiga, haz un diario, mírate tú…

¿Por qué un diario? ¿Qué te ha permitido descubrir?

Es la necesidad de que sea orgánico; no se me ocurría una manera mejor de evidenciar los cambios del ciclo menstrual, porque es algo que surge día a día, de ver cómo vas mutando… De hecho, he tenido varias propuestas editoriales para escribir sobre mi trabajo. Y nunca he querido, porque lo importante es que tú conozcas tu cuerpo. Si yo te hago un libro de tu ciclo no sirve para nada, no aprendes, es algo que metes en la cabeza y no lo desarrollas, no lo vives. Yo quería que se comprendiera, que se viviera, que se tocase, que se oliese… La idea era que fuese tan orgánico como el hecho de un diario, que fuese una experiencia real, que hubiese cuerpo. Yo siempre digo que si quieres conocer tu cuerpo no lo vas a poner en un libro; y yo he puesto mi ejemplo, mi carne, para que tú puedas hacerlo. Si tuviese que hacer un libro de teoría no tendría sentido, es un conocimiento tan gigante… De ahí que yo haya creado primero El camino rubí y ahora la comunidad educativa; no es algo que pueda ir en un libro. Parece que en un libro lo queremos contener todo, y en un libro no entra todo, tienes que hacer elecciones… Y si hacía estas elecciones perdía el cuerpo, y yo desde la parte pedagógica quería esa experiencia, quería enseñar con el ejemplo que es como creo que se hace la mejor pedagogía, y desde la parte de necesidad literaria y de animal vulnerable yo necesitaba entender qué estaba pasando conmigo y con esa Herida que me estaba matando. De ahí que sea un diario.

Me ha permitido descubrir lo rota que estaba, me ha permitido poner nombre a lo que me sucedía y constatar que soy cíclica. Es muy curioso, como todas las mujeres, y sobre todo mujeres pioneras, yo tengo el síndrome de la impostora muy, muy dentro de mí: todos los días me cuestiono muchísimo, de ahí que sea obsesiva del rigor, tengo un problema con eso, es como… ¿No estaré engañando, no llevaré 6 años engañando? Y aunque haya miles de mujeres diciendo que esto es así, y dándome las gracias por poner las palabras, las gracias por el conocimiento… yo sigo todos los días: no me creo. Entonces me sirvió para constatar: coño, pues sí que es verdad, pasa, pasa, sí, Erika, tienes razón, fíjate. Y sobre todo para saber que estaba tocada de muerte, que no tenía alas, que soy un animalito a la que le han cortado las alas, que nunca he tenido una mamá ni un papá, que la relación con mi familia estaba basada en romperme. Me he permitido descubrir la voz de Erika Gafotas, que es mi niña de 9 años, que es en sí como la voz de Cuerpo, la que un día dijo: Cuenta qué coño está pasando, quiero saber lo que está pasando. Como dice Alice Miller, al cuerpo la moral le importa una mierda. Esto es lo que pasó. Entonces descubrí a aquel animal vulnerable y roto que soy, y con la potencia de poder partir de una realidad por fin. Porque muchas veces vives en la fantasía y luego te pegas de ostias, y te preguntas por qué, si debería estar volando, si tengo alas. Y luego dices: No, joder, no las tengo. Y cuando sabes que no las tienes, entonces es más probable que puedas alzar el vuelo con los muñones que tienes, así como partir de la realidad, supongo.

¿Escribir da miedo? ¿Por qué?

Escribir a mí no me da miedo. Me da asco, ganas de vomitar, y a la vez me salva la vida. Cuando escribo, no divulgación porque cuando escribo para mi trabajo lo hago con otra voz, pero cuando lo hago literario, o como esto de la coñoescritura, es algo que tengo que hacer pero que a la vez que gustaría que parara, es como respirar… Nunca me ha dado miedo escribir, nunca me ha dado miedo el que me lean, nunca me ha dado miedo que no me crean lo que escribo, en eso no tengo síndrome de la impostora en absoluto; porque escribo desde mi coño, desde mis tripas, es mi verdad y nadie me la va a arrebatar, es mía y es lo único que me ha mantenido con vida. Es lo único que cuando mi padre me hostiaba me hacía sentir que era yo: tú podrás quitarme lo que quieras, pero esto es mío, la escritura es mía, la escritura de mi coño es mía, y a mí no me da miedo, me da entre orgullo… y a la vez asco y dolor, porque lloro mucho cuando escribo, porque me doy cuenta de cosas que me desgarran, y digo Joder, qué puta mierda… Pero a la vez me satisface muchísimo, es como un acto un poco masoquista… A la vez me lleva por las nubes, me hace sentir yo, con todo ese asco, con toda esa satisfacción , con todo ese orgullo y con toda esa puta mierda me siento realmente yo, y si existiese una Erika de verdad sería justo eso, entre la lágrima, la rabia y el sonido de las teclas… Ahí es cuando soy yo, y cuando no me avergüenzo de ser yo ni por un puto segundo.

Háblanos de la COÑOESCRITURA. ¿Qué consejos nos darías para empezar a practicarla?

Coñoescritura: Hace referencia a una forma de escritura orgánica, corporal, que nace del cuerpo cíclico-cambiante. Se trata de un proceso creativo en el que la coñoescritira exorciza la grandilocuente Gramática Universal aprendida para escribir, por fin, desde su cuerpo; no a pesar de este, ni por encima de este. (Diario de un cuerpo)

El consejo es empezar a sacarse el palo del culo, de esta inadecuación. Es en el único momento en el que no me avergüenzo de ser yo, porque por estas alas que me han cortado tengo ciertos trastornos, uno de ellos es el de sentir que la estoy cagando siempre y que nadie me quiere y que no le gusto a nadie. La coñoescritura es esta cosa de sentarte y provocar este orgullo: Esta soy yo, estas son mis putas tripas, esto es lo que hay. Y eso es sacarte el palo de la RAE… Si quieres comprarte una libreta chachi, a mí me encanta comprarme libretas… Sarah Anderson dice que su nieto del futuro le dice: Abuela, te gustan mucho las libretas, ¿no? Porque las tiene todas empezadas pero ninguna terminada. Da igual, en un trozo de servilleta, yo me acuerdo de cuando escribía vorazmente en el 2006… Alex [Núñez Lucero] tiene una colección de servilletas increíbles mías… Es decir, decirte desde las tripas, inventarte las palabras… Inventar es acuñar palabras… Yo empezaría en premenstrual, por ejemplo empezaría con esta rabia, esta furia de decir: El mundo no me entiende… Pues dite, dite. Antes de irte a la cama, por ejemplo, escupe lo que tengas… Es como cuando te has pasado bebiendo y tienes a una amiga que te ayuda a vomitar y te aguanta la frente. Es como este acto: es exorcizar lo que hay dentro, no te importe cómo esté puntuado, de hecho la puntuación es un juego maravilloso, joder lo que cambia el mundo con una coma o con un punto… Es poder vomitarlo, poder ver también. Esto lo haces en premenstrual, y luego en preovulatoria… En el libro yo he tenido momentos de decir: En preovulatoria escribo como el ojete . Y no es que escriba mal, pero escribo muy intelectual. ¡Te das cuenta de que tienes tantas voces! Mi consejo es: ponte y escribe. El único consejo que hay para la escritura, que más me ha reventado y que más me ha ayudado es: escribe, escribe, escribe, ponte y escribe, sienta tu puto culo y escribe, o igual prefieres escribir de pie, escribe, no te entretengas con cosas, escribe lo que salga, vomítalo. La coñoescritura es esto: día del ciclo en el que estás… Sácalo. Y luego ya ordenarás, y verás que igual hay alguna semilla para escribir alguna poesía, algún relato, alguna novela, quién sabe… Sácalo. Un buen ejemplo de cómo hacer coñoescritura para mí es Diario de un cuerpo porque además al principio explico cómo lo he hecho… Pero el consejo principal es: escribe, llora mientras escribes, rabia, manda a tomar por culo, si quieres tacha y vuelve a escribir por encima, es tu voz, no se lo leas a nadie… Es como este poema de Bukowski que tiene que salir ardiendo de las tripas: déjalo que salga, lo que sea, déjalo salir.

Tanto en El camino rubí como en Soy1Soy4, espacios fundamentalmente tiernos y cuidadosos, hablas mucho de vulnerabilidad. ¿Es la de los cuidados una revolución pendiente? ¿Qué relación habría entre vulnerabilidad y empoderamiento?

Totalmente. De hecho, ahora que estoy revisando textos de Joan Tronto, que se dedica a hablar de la política de los cuidados, mi trabajo está orientado a una política de los cuidados frente a una política de producción neoliberal. Yo no estoy hablando de remunerar, de recapitalizar el cuidado, que es un tema aparte del que yo no voy a hablar… tengo que reflexionar sobre muchas cosas y no me gusta opinar por opinar, me gusta madurar las cosas y soy un poco ambivalente con este tema. Pero sí trabajo para que el ciclo menstrual sea una de las tantas puertas por donde entrar y empezar a practicar un cuidado activo, primero un autocuidado como acto de revolución que decía Audre Lorde, y que este autocuidado nos llene, nos haga potentes para poder cuidar, pero no cuidar desde el traje de madre, desde el traje de mujer, sino establecer redes de ternura, redes de vulnerabilidad, de feroz ternura, de fuerte vulnerabilidad, desde donde tejer nuestro día a día. Yo no estoy hablando de los cuidados desde esta idea de traje de madre, estoy hablando de poder generar prácticas de cuidado improvisando, viendo, experimentando con otras formas de cuidado, en especial no sacrificado… Sí que hay un esfuerzo por ambas partes, sí que hay muchas veces renuncia, pero no tiene por qué haber un vacío, que es lo que tiene el traje de mujer con el cuidado: un vacío de una para llenar a otra o a otro. No, primero un autocuidado, pero no va primero una y después otra, es algo que es poroso, que es líquido y que se va mezclando, es como un cóctel.Y creo que es importante experimentar con esto, es mi trabajo en la comunidad de manera activa, mostrar cómo esta práctica, no solo de mostrar sino de practicarla, de ver si funciona por aquí, si funciona por allá, cómo respondemos entre todas… Cómo también gestionar el negativo del cuidado, cómo es un cuidado on line… Hemos de experimentar con el cuidado. Y más que una revolución pendiente, porque parece como si esto fuera algo aparte, el cuidado ha de ser al igual que el feminismo, totalmente transversal, no podemos sobrevivir sin cuidado, somos animales y creo que cuando ponemos el cuidado aparte estamos negando nuestra animalidad, y al igual que el ciclo menstrual, es una evidencia d nuestra animalidad…. Esta lacra del sistema patriarcal, de seguir pensando que somos más que animales…

Odio la palabra ‘empoderar’. Sé lo que quieres decirme, pero no me gusta quizá el uso que se ha hecho de ella, o igual no me gusta desde dónde se dice. La vulnerabilidad es la única posibilidad de habitar tu cuerpo y habitar el mundo sin romperte más y sin romper a nadie. Frágil se llama el libro de Rene Brown sobre la vulnerabilidad; es la práctica en la que nos volvemos lo que somos: animales. Tomamos conciencia de nuestros límites, de nuestras aristas, nos quitamos máscaras y trajes que duelen profundamente y que provocan dolor a las personas que estamos alrededor. La práctica de la vulnerabilidad no empodera, es que la palabra empoderar es dar poder… No, no da poder, sino que te deja en bragas, sin avergonzarte de estar en ellas. Te permite ver La Herida sin tener que irte a poner una tirita corriendo. Te permite poner tu Herida, y en vez de lamerte sola, como la estás enseñando es muy posible, y como practico mucho la vulnerabilidad digo que sucede, que hay una idea muy negada sobre que nadie te asistirá, te dejarán morir… Eso es mentira. Cuanto más vulnerable he sido, cuanto más vulnerable me he mostrado más ayuda, más cuidado y más mimo he tenido de personas de mi entorno y de personas que no he conocido en absoluto. Hay una predisposición a lamer heridas. Empoderar para mí aísla, es: yo puedo solita… No, yo no puedo sola, yo puedo porque tú estás, porque hay alguien ahí, porque me lame las heridas. Yo, por ejemplo ahora, transitando la depresión, yo sola no puedo hacer una puta mierda, pero tampoco quiero; sí, soy capaz, soy una mujer independiente… No, soy una mujer dependiente, tengo relaciones, y realmente hay veces que no me puedo levantar de la cama, y esto no significa que esté enferma. Si nos fijamos, todas las personas, hombres, mujeres y otros trajes, somos y permanecemos porque estamos en relación y porque nos están ayudando. Esto es pasar del yo puedo sola al ¿me ayudas? Pues sí, esta es la vulnerabilidad. Es frente al empoderamiento individualista, que se está viviendo mucho, que yo sé que desde el feminismo se necesitaba decir: yo tengo el poder, el poder está en mi coño, y que es un simbólico muy necesario, y a la vez creo que mientras se lo está tratando de fagocitar el capital y el patriarcado. Creo la lucha viene con la vulnerabilidad… Es como girarlo, porque a empoderarse todo el mundo puede, todo el mundo se atreve… Pero qué pasa con decir: Hey, te necesito, estoy rota… Ahí la gente se cae, es una pasada el poder que tiene mostrarse vulnerable, porque estás haciendo de espejo. Es una revolución tremenda. Y se necesita al colectivo, frente a esta individualización, estos libros de Tú puedes!, no, no puedo, y necesito red, necesito gente, necesito amor pero no romántico, amor de cuidado, ternura, necesito que cuando vaya a comprar el pan la panadera me mire a los ojos y me diga: Eh, cielo, ¡cómo estás hoy? Joder, eso sí que es un puto chute, no una taza que diga: tú puedes con todo. Pues no, joder, ¿quién carajo puede con todo? ¿Quién sobrevive a poder con todo? ¿Te hace más poderosa? No lo sé… No creo que sea poderosa, en mi práctica de la vulnerabilidad no me siento poderosa, me siento ligera, un granito en la playa, no como el centro de todo… Hay veces que creo que nos dejamos embriagar por este sistema de querer la voz de decir, el coño por delante, y también es necesario. Pero tiene que haber otras brechas, y esa brecha ya esta cogida, casi nos va a comer, casi es como un muro, en vez de abrirlo lo ha cerrado más o lo ha hecho más duro. Lo débil y lo tierno vencen lo duro y lo fuerte (Lao Tse), es una cita que puse en el libro, en la parte dedicada a mi padre y a mi madre. Yo soy más de esta parte, de la revolución de los mimos.

¿Qué prácticas necesitamos para construir un mundo a la medida de nuestros cuerpos? ¿Cómo sería este mundo?

La práctica de la vulnerabilidad. La práctica de conocernos, de bajar al cuerpo. ¿Cómo bajar al cuerpo? Yo encontré que bajaba al cuerpo con el ciclo menstrual, soy una persona super mental, que nadie se lleve a equívocos. Hay gente que es muy corporal, y yo no soy nada corporal, soy super mental… Para mí el ciclo menstrual me ha servido totalmente para, mirándome las bragas, entrar en mi cuerpo, o sea, he entrado en mi cuerpo a través de mis bragas, no sé, me siento muy hombre al decir esto… una práctica sería esta, otra práctica es la de tejer redes, y ya no te estoy hablando de sororidad, palabra hipermasticada, sino desde la ternura, desde la vulnerabilidad y que nadie piense en lo cursi, aunque también hay que reivindicar lo cursi, coño, por qué no, porque está muy mal visto porque es tan femenino… Redes, redes desde las que trabajar el negativo, porque la práctica del negativo, de saber que nos vamos a llevar como el culo, de saber que no tenemos práctica de relacionarnos desde la autenticidad, que lleva un tiempo… Relacionarnos desde La Herida toca muchas fibras, y poder hacerlo desde ahí… La práctica del cuidado, de cuidarse también generando un cocimiento, unas bases… Al cuidado lo metemos en un saco… El cuidado tiene luces, tiene sombras. Y poder generar conocimiento en torno a ello, poder generar políticas del cuidado, poder generar bases, contratos entre personas de responsabilidades de cuidado… Para mí la práctica es la de la vulnerabilidad, de poder estar premenstrual y que ya conozcas el balleno, y que tú me puedas decir en tu preovulatorio: ahora no te puedo acoger así… ¿te puedo acoger de esta otra manera? Yo no sé cómo sería este mundo, porque yo soy super utópica… pero me gustaría que fuese un mundo en el que no hubiese personas vulneradas pero sí una práctica de lo tierno, que ya no tuviésemos que llamarla vulnerabilidad porque ha sido vulnerada o eres susceptible de ser vulnerada, sino un entorno tierno. Mi ideal de mundo tiene que ver con cuando entras a una librería y encuentras un libro que te sorprende, y además tienes la pasta para poder comprártelo y haces un “¡qué gustito!” O cuando estás en una terraza con una colega o u colega tomándote una cerveza, y te cae un rayo de sol en toda la cara, y parece que caen las motas de polvo así, y la ves y dices: “el mundo es perfecto”, y esa sensación que te embriaga, también tiene que ver con el alcohol, pero que dices, ¿sabéis que os quiero, que me siento querida? Yo siempre digo que ese sería mi ideal del mundo para toda la gente. La posibilidad de ser tú sin tener que esconderte, sin tener que hacer farsas, o si quieres juega al carnaval con todos los trajes que haya, pero desde la autenticidad, desde el poder ser: con lo que eres ya es suficiente, bastante que estás aquí. Creo que ese mundo sería más tierno, más acogedor, más creativo, más carnavalesco.

¿Algún proyecto literario en el horizonte?

Sí, por una parte es muy posible que salga una pequeña criaturita que tenga que ver con la cuestión de la menstruación, que todavía colea, y que para mí es como una joya que quiero hacer y también una necesidad, y además tengo la suerte de que mi editora y mi editorial me quieren mucho y me apoyan un montón y además me piden muchas cosas, siempre cosas desde el deseo, si no hay deseo no escribimos, eso es lo más bonito de todo, porque yo tengo mucho respeto y a mí esto de hacer cosas porque sí, no; los libros tienen que salir de verdad, que sirvan de verdad, los libros son una puta joya que te puede cambiar la vida, si el libro es bueno la persona que abre la tapa y que la cierra ha de ser otra, has de morir mientras lees ese libro, morir y nacer. Tengo como dos proyectos de morir y nacer, y uno de ellos me hace especial ilusión, pero sospecho que será a largo plazo, porque tiene que ver con la figura de mi abuela. Tengo una necesidad imperiosa de que mi abuela no se muera conmigo, porque yo he decidido no ser madre, y la memoria de mi abuela, que es la abuela que yo amo, que es mía y solo mía, yo quiero que sea inmortal, la voy a hacer inmortal antes de que yo me vaya, que una no sabe cuándo se va a morir, soy así de realista, es un deseo máximo que tengo. Es tan importante saber cuándo coger un lápiz y escribir, como saber cuándo lo tienes que dejar, y no escribir, y yo ahora me siento incapaz, y es como si lo hubiese escrito todo. Pero está ahí, tengo dos semillas ahí, así que germinará, le tendré que dar tiempo sobre todo, y sentar el culo y escribir, como dice Alena Pons mi editora “butt in chair, hands on keyboard” (culo en la silla y manos sobre el teclado)Así que estas semillas tendrán lugar y germinarán cuando siente el culo, cuando sepa ya que es momento de sentar el culo, aunque antes de eso hay un trabajo previo que es el que hace un libro, que es todo el tiempo que pasas viviendo, experimentando, tomando notas, reflexionando, mirando al techo, el libro empieza mirando al techo. Pero todavía están en mí y queda un largo camino. Ahora estoy con el boli guardado, tomando notas, porque tengo que procesar esta criatura.

 

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Imágenes de María Artiaga

 

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