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Reflexiones y otras cosas
25 Feb 2017

Las palabras. A propósito de FETEN 2017 (por Félix Gómez-Urda)

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“El clown no necesita de nada, solo de una honesta complejidad”
Daniele Finzi Pasca

“Atrévete a hacer bailar a la tribu”
José Sanchis Sinisterra

 

En su obra Cómo hacer cosas con palabras, el filósofo del lenguaje John L. Austin reflexionaba sobre un tipo de expresiones que más que describir o enunciar una situación, parecían constituir en sí mismas, una acción. Austin llamó a dichas expresiones “performative language”, traducido al español como expresiones realizativas o performativas. Sostenía el filósofo que verbos como jurar, declarar, apostar, legar, bautizar, etc… producían oraciones que eran acciones. Cuatro décadas después, a finales del siglo XX, el prestigioso profesor y teórico literario Jonathan Culler señaló en su Breve introducción a la teoría literaria que “el problema del lenguaje performativo nos llevará a analizar temas importantes del significado y los efectos del lenguaje y generará preguntas sobre la identidad y la naturaleza del sujeto”.

Apunto estas notas en el viaje de regreso a Madrid desde Gijón, después de haber participado en una edición más de la Feria de Artes Escénicas para la Infancia y la Juventud, FETEN 2017. Las trae a colación mi memoria a propósito de una conversación que mantuve con Rosa Díaz, La Rous, en una hermosa madrugada gijonesa, bajo una bruma subtropical que anunciaba con semanas de adelanto la primavera. Eran las tres de la madrugada y aún teníamos energías para charlar sobre el teatro que estábamos viendo en la programación de FETEN y sobre qué es eso de “teatro de texto” y “teatro sin texto”. Yo le comentaba a Rosa, a la sazón componente del jurado de espectáculos de sala de la feria, lo mucho que me había gustado la obra Kaput, de la Compañía Ganso & Cía y debatimos sobre si era posible decir que ese espectáculo no tenía “texto”, porque sus protagonistas Gorka Ganso y Txefo Rodríguez son clowns y no dicen ni una sola palabra en escena. No voy a revelar aquí de qué manera concluyó nuestra charla, y con qué argumentos defendimos cada una nuestras posiciones al respecto bajo el cielo asturianu. Es obvio que ha permanecido durante estos días la resonancia de las palabras que intercambiamos, y bien podríamos habernos comunicado mediante gestos, al menos La Rous, que es una gran especialista en contar historias bellísimas con su cuerpo, pero en esta ocasión, usamos las palabras para comunicarnos. Solamente mencionaré que en mi opinión, Kaput, y otros muchos espectáculos de clown, o de teatro gestual, fantásticos, maravillosos, también tienen “texto”. No quiero hacer una lectura semiótica en la que cabría decir que todo y todos somos “texto”. Lo que trato de decir es que tanto ese como otros magníficos ejemplos que se pueden recoger, nacen de un proceso de escritura, de unas notas tomadas en un cuaderno, en el que se habrán ido registrando ideas, acciones, movimientos, reacciones, anhelos, pausas y silencios. Un lenguaje performativo que habrá sido acción en el mismo momento de su escritura. Una escritura performativa. La palabra como acción.

A los pocos días de la conversación con La Rous me acerqué en Madrid a ver Kibubu, el espectáculo de la Compañía Marie de Jongh que no pude disfrutar en el FETEN 2014, una obra sin “texto”. Cualquiera podría maravillarse, como me pasó a mí, al escuchar a las niñas y a los niños presentes en el Teatro de La Casa Encendida, de cuatro o cinco años, verbalizar las palabras que el relato les iba sugiriendo, el hermoso alegato a favor de la libertad del individuo que narra la obra. Al texto original, encarnado en acciones y gestos sin palabras por los espléndidos artistas de la compañía bilbaína, el público infantil le iba colocando, una tras otra, las palabras que les permitían comprender mejor la historia.

Este tipo de material textual, esta escritura performativa que traslada emociones a quienes la ven y la leen, es capaz de enseñar a pensar y a sentir, permite por lo tanto transformar la realidad, en un efecto obtenido directamente del uso de los lenguajes que le son propios, y facilita a la infancia y a la adolescencia, ¡ay ese público adolescente que se pierde para el teatro! comprender significados y realizar preguntas sobre las identidades y sobre los problemas actuales de la condición humana.

Jugar y actuar son los dos verbos más performativos que tenemos en la lengua española, quienes trabajamos y amamos el teatro, y en FETEN nos encontramos a centenares, sabemos lo que significan. No se trata de ser logo-falo-céntrico, como diría Luce Irigaray, sino de considerar la importancia del lenguaje con que los espectáculos teatrales, que luego usan o no la palabra en voz alta, deben construirse. Ese lenguaje llamado Dramaturgia.

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