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Reflexiones y otras cosas
9 Sep 2016

Nosotras, Alicias

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«¡Vamos! ¡De nada sirve llorar de esta manera!», se dijo Alicia a sí misma, con bastante firmeza. «¡Te aconsejo que dejes de llorar ahora mismo!» Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma (aunque rara vez los seguía), y algunas veces se reñía con tanta dureza que se le saltaban las lágrimas. Se acordaba incluso de haber intentado una vez tirarse de las orejas por haberse hecho trampas en un partido de croquet que jugaba consigo misma, pues a esta curiosa criatura le gustaba mucho comportarse como si fuera dos personas a la vez».

Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas

Hace unos siete años y medio, justo cuando estábamos terminando la primera edición del primer Escribo, luego soy, nos vimos en la tesitura de darle continuidad a eso que no queríamos dejar de hacer. No se trataba del taller, sino de ese ejercicio gustoso de mirar hacia dentro de nosotras mismas, de tantear y acariciar los hilos de los que estábamos hechas, y finalmente tirar de ellos para construir algo nuevo. Eso que empezamos a llamar autoficción: la creación de historias a partir del compost resultante de la propia vida.

En realidad, el Escribo, luego soy centra su atención en la propia autobiografía. El primer paso para después continuar tejiendo, avanzando hacia la ficción pura. La autoficción sería ese camino intermedio en el que muchas, no obstante, nos hemos quedado a vivir. No podemos prescindir de ello; sería como dejarnos a nosotras mismas por el camino. Y es que una vez que una empieza, pues ya no hay forma de parar.

Porque lo que también descubrimos es que si la escritura nos ponía y nos empoderaba era gracias a esta práctica de situarnos a nosotras, siempre, en el centro. Por eso creamos Al otro lado del espejo; una invitación a atravesar el reflejo de nuestra propia imagen, a tomar asiento al otro lado: allá donde somos soberanas absolutas, donde podemos inventarnos, reescribirnos, jugar a ser nosotras. Además de otras. Como la propia Alicia, muchas hemos descubierto el placer de ser dos… cuatro, seis personas a la vez. ¿Por qué no? Nosotras podemos; nosotras, escribimos.

Hace un tiempo, una alumna que estaba cursando este taller, y que acababa de ser madre, me confesó que no sabía explicarlo bien, pero que sentía un poco de culpa al dar ese paso al otro lado del espejo. Culpa, miedo… y placer: son, creo, la tríada permanente para nosotras. Nuestro campo de batalla. Y el mejor indicador de que, pese a todo, nos movemos.

Este verano abrimos nuevo grupo de Al otro lado del espejo. De la autobiografía a la autoficción. Vamos a saltar, con el mayor de los cuidados pero con mucha alegría, al otro lado… 🙂 Nosotras, Alicias.

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