917-27-45-14
info@helveticasescueladeescritura.com

BLOG

Reflexiones y otras cosas
16 Jun 2019

Hablamos con… Lucía Marín, escritora

18221731_10154607127262947_638320440941488122_n

 

Como sabéis, hace tiempo que tratamos de ofreceros, de vez en cuando, charlas con distintas creadoras que, de un modo u otro, tienen que ver con la escritura. Y dentro del universo helvético, sois unas cuantas las que nos estáis dando alegrías con vuestras publicaciones. Hoy hablamos con Lucía Marín (Granada, 1985), que ha publicado, hace unos meses, La piel caduca (RiL Editores, 2018), su segunda colección de relatos después de aquella estupenda No somos flores (Editorial Nazarí, 2017). Lucía pasó por la escuela hace un par de años, deslumbrándonos ya con sus cuentos y crónicas. En este segundo volumen, su mirada ha crecido, profundizando en ese punto de extrañeza sobre lo cotidiano a los que sus textos nos tienen ya acostumbradas.

Esto es lo que nos ha contado.

Preséntanos La piel caduca: ¿qué vamos a encontrar en ella? ¿Tienes algún relato preferido o por el que sientas debilidad?
Creo que lo principal de La piel caduca son sus personajes. Se muestran de tan cerca que a veces te puedes encontrar patinando por una de sus circunvoluciones cerebrales o salpicada de sus humores. Y también los entramados familiares que en cierto modo los definen, sea la familia de sangre o por vínculos contingentes. Mi relato favorito es Pequeña fuga en sol menor, siento una gran ternura y empatía por la neura de Ramiro.
¿Cómo sientes que ha evolucionado tu escritura desde No somos flores?
No somos flores tenía mucho de juego, de experimentar con las formas, los lenguajes, una temática más reivindicativa y el humor. Creo que en La piel caduca mi escritura ha sido más pausada, más profunda, más homogénea a lo largo de los relatos y me ha permitido explorar relaciones interpersonales con matices más sutiles. Cada libro corresponde a un momento personal y ambos se acompañan y complementan.
 
¿Cómo articulas lo autobiográfico en tus textos?
Lo autobiográfico me resulta un sustrato muy rico y cargado de honestidad. Aunque hable de un anciano, una mujer enferma o un adolescente en un polígono, están todos manchados de mi yo. Creo que el meollo del asunto es alejarse lo justo de la propia biografía para no embadurnar el relato de subjetividad y que a la vez suene a vida-de-persona-humana en la cual reconocerse, donde tocar víscera, miserias y remontarlas.
 
¿Qué importancia o influencia tiene para ti lo rural en tu escritura? Imagino que conoces la existencia de una corriente de neorruralismo literario (Jesús Carrasco, Jenn Díaz…): ¿te sientes parte de ella? ¿Dialogas con la obra de estxs autorxs de algún modo?
Diría que lo rural tiene importancia, más que en mi escritura, en mi vida. Reflejo lo rural porque es lo que habito, lo que veo, escucho, como, y lo valoro. También reflejo lo urbano porque ha sido y es parte de mí. No me veo, por ejemplo, escribiendo ciencia ficción o novela histórica porque, de momento, los escenarios lejanos no me brotan con tanta soltura como los acumulados por mis sentidos. Algunos de mis relatos por tanto sí cabrían en esa corriente, pero me cuesta sentirme parte a mí misma. Admiro mucho toda la obra de Jenn Díaz y fue un maravilloso descubrimiento para mi biblioteca. De Jesús Carrasco aún no he leído nada, pero de todas formas creo que me mueven más las maneras de contar que una temática concreta. Si Jenn Díaz escribiera una distopía futurista la leería sin duda.
 
Háblanos de Las gallinas ponedoras, el álbum ilustrado que acabas de publicar. ¿Cómo surge el proyecto y cómo ha sido el proceso de creación? ¿Ha sido muy diferente, para ti, la escritura para niñxs, respecto a la de los relatos?
Las gallinas ponedoras lleva muchos años acompañándome. Surgió de una idea de mi padre en un atasco de entrada a Madrid, después lo adapté para teatro y lo representamos un grupo de personas en Lavapiés para unas jornadas de denuncia del capitalismo, más tarde lo incluí en mi repertorio de cuentacuentos infantil y finalmente se lo envié a La guarida Ediciones, que le hizo un lugar en su colección. A lo largo de su trayectoria cada versión ha ido aportando elementos, rimas, humor, y aún disfruto mucho contándolo y escuchando a l@s niñ@s cocorear. Ha supuesto un proceso muy diferente no solo por ser literatura infantil, sino también por venir de la narración oral y transformarse en álbum ilustrado. Hay una parte de mí que solo se atreve a salir frente al público infantil.
 
¿Podrías decirnos tres cosas que te inspiren para escribir? (Pueden ser cosas de todo tipo)
Las personas mayores, los pequeños pecados cotidianos y contradictorios, y las tareas domésticas.
 
¿Podrías hacernos tres recomendaciones de escritoras o escritores que sean importantes para ti o que te hayan marcado de algún modo?
Voy a elegir tres escritoras de mi generación: Sabina Urraca, María Bastarós y Elisa Victoria. También Valeria Luiselli, Fernanda Trías y Laia Jufresa. Y Delphine de Vigan, Tommy Ungerer y Alex Robinson. Me he saltado la cantidad, pero las he agrupado por tríos.
 
¿Algún proyecto futuro que confesar?
De momento estoy en periodo de barbecho.
Lucía Marín estudió Fisioterapia y Teatro. Vivió en Granada y en Madrid, antes de trasladarse a un pueblo extremeño, donde ha vivido en colectivo. Practica la narración oral y el teatro. Y sus relatos han aparecido en publicaciones como Oculta Lit y Revista Eñe. De su obra os recomendamos todo: No somos flores, su primer libro de relatos; La piel caduca; y finalmente este Las gallinas ponedoras, un álbum prometedor que publica junto a la ilustradora Cecilia Varela.

Leave a Reply